Ser mujer en los siglos XIX y XX
Ser mujer en los siglos XIX y XX
La mujer lleva a sus espaldas una historia dónde ha sido relegada a un segundo plano durante su inmensa mayoría. Ha sido considerada inferior al hombre en aspectos como sus capacidades e inteligencia. Gracias al movimiento feminista y la evolución de la sociedad, en algunas partes del mundo estos estigmas ya se están rompiendo, buscando una igualdad en derechos entre hombres y mujeres, pero aún queda mucho por cambiar.
Si nos remontamos al siglo XIX, en los territorios católicos, las mujeres eran situadas en un rol de madre y esposa, reduciendo su rango de acción al espacio privado y doméstico. Ellas eran las encargadas tanto de las labores del hogar como de la crianza de los hijos ya que el espacio público estaba reservado para los hombres que se encargaban de trabajar fuera del hogar y tenían una autoridad absoluta para ellas.
Esto significaba que, si eras mujer, necesitabas un hombre al que poder servir para poder vivir, ya que a ojos de la sociedad una mujer no podía valerse por si misma en este aspecto. Las mujeres se casaban a una edad muy temprana y a veces con hombre de una edad mayor que la suya ya que los padres vendían y utilizaban a sus hijas como moneda de cambio con la que negociar y hacer negocios. Una vez casadas, el resto de su vida se veía reducido al ámbito doméstico ya que era la encargada de limpiar, cocinar y todo lo que tuviese que ver con las labores del hogar además de tener que criar a sus hijos.
Encima de esto las mujeres estaban privadas de multitud de derechos. Entre ellos encontramos la prohibición de vestir libremente, no podían utilizar pantalones ni nada que fuese escotado ni enseñase carne, ya que a ojos de la sociedad estaba muy mal visto y los maridos se lo tomaban como un insulto lo que conllevaba que las mujeres no pudiesen vestir con libertad hasta bien entrado el siglo XX.
En el siglo XIX con la revolución francesa se aumentaron las libertades tanto de los hombres y mujeres. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que la libertad de los hombres era mucho mayor que la suya, por lo que comenzaron a luchar, manifestándose para conseguir dejar atrás su aislación en el ámbito familiar.
En esta época, las mujeres tuvieron la oportunidad de trabajar en las fábricas, pero sus salarios eran muy inferiores comparados con el de los hombres. Su formación estaba prohibida, salvo en alguna excepción para las clases altas que se formaban, pero no podían trabajar y su finalidad era ser una buena esposa. Uno de los primeros símbolos de libertad a mediados del siglo XIX fue la bicicleta. Las mujeres de clase alta la utilizaban para moverse con libertad sin necesidad de depender de nadie, saliendo de su confinamiento en el ámbito del hogar. Esto no era muy bien visto por algunos hombres, que lo ponían al nivel de una mujer que fuma.
El voto femenino entro en el rasgo de interés de las mujeres en el siglo XVIII, tras la revolución francesa, comenzaron a reclamar el derecho al voto justificándolo con que tenían el derecho de elegir a quien las iba a gobernar. Uno de los sucesos más importantes a nivel internacional fue la convención de Seneca falls organizada en 1848 en Nueva York. Allí, Lucrecia Mott y Elizabeth Cady Stalon reclamaron la igualdad entre los hombres y mujeres. Esta reunión se vio recogida en "La declaración de sentimientos" donde expresaban su desconforme con las restricciones políticas que soportaban las mujeres en el momento, al no poder votar ni afiliarse a partidos políticos u ocupar cargos públicos.

En el ámbito laboral, aumentó la presencia de las mujeres comenzando por las maestras, educando a los jóvenes sin recursos, aunque se veían sometidas a algunos estigmas ya que las "buenas profesoras" debían estar solteras y ser de edad avanzada. El modelo de profesora fue defendido por autores como Kant y Rousseau, que defendían las características de las mujeres las cuales el hombre nunca podría igualar tal y como el vínculo maternal, aun así, las maestras cobraban menos que los maestros y solían actuar como subordinadas. Esto no cambio hasta la entrada del siglo XIX cuando el modelo de maestra cambia y se empiezan a solicitar más por sus características y aumenta su sueldo casi equiparando el del hombre.
En el siglo XX, la mujer se incorporó a la educación y política de forma progresiva. Esto chocaba con el modelo anteriormente mencionado de la mujer, pero sin duda fue un gran avance para todos como sociedad. A principios de siglo comenzaron a mostrar su desagrado con ser prisioneras del hogar, continuamente ancladas al trabajo doméstico, aun trabajando a la vez. La mujer comenzó a incorporarse al mundo académico y laboral, sobre todo en las grandes ciudades donde empieza a cambiar su forma de vida. Además, su figura se inició a incorporar en espacios públicos.
Durante la dictadura el avance realizado en la república se frenó tras la guerra civil, durante la posguerra los avances logrados desaparecieron totalmente. Las mujeres volvieron a cuidar de la casa como una subordinada del marido, siendo asignadas como función la educación de los hijos en los valores del cristianismo y el cuidado de la casa. La mayoría de las mujeres acataron su rol sin quejarse por miedo creando una generación de madres calladas, obedientes y modestas. En la educación, el currículo de las niñas era diferente al de los niños estando más enfocado en la cocina y las labores del hogar.
Con el fin del régimen y la transición surgió un nuevo plan económico, en busca de aumentar la producción por lo que las mujeres volvieron al trabajo. Tras la muerte de Franco, en la constitución de 1978 se declara que todos los ciudadanos son iguales ante la ley sin importar raza, sexo o religión. La escuela mixta no fue fácil de conseguirla ya que el sistema educativo estaba enfocado en los hombres, pero poco a poco se consiguió.
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